22.3.11

assemblage de Etiopía




La palma se considera emblema de victoria, de ascensión, de regeneración y de inmortalidad. Apoyado en esta simbología, Unamuno sostiene que el famoso Fénix, del que hablaba Herodoto, no se trataba de un ave, como comúnmente se acepta, sino que era un bosque de palmeras que renacía de nuevo de sus cenizas, tras la quema. Lo cual es más lógico tanto por el nombre, como la simbología o con la propia consistencia del relato mítico. La leyenda sitúa al Fénix en Etiopía, país de palmeras. Unamuno opinaba que quizás se deba a un error de traducción, pues él desconfiaba de los traductores que realizan su trabajo basándose en textos, de los que desconocen su transcendencia.


HERÓDOTO, LOS NUEVE LIBROS DE LA HISTORIA: LIBRO II, CAP. LXXIII.
Otra ave sagrada hay allí que sólo he visto en pintura, cuyo nombre es el de fénix. Raras son, en efecto, las veces que se deja ver, y tan de tarde en tarde, que según los de Heliópolis sólo viene al Egipto cada quinientos años a saber cuándo fallece su padre. Si en su tamaño y conformación es tal como la describen, su mote y figura son muy parecidas a las del águila, y sus plumas en parte doradas, en parte de color de carmesí. Tales son los prodigios que de ella nos cuentan, que aunque para mi poco dignos de fe, no omitiré el referirlos.